Salir corriendo del cigarrillo

Debo confesar, de entrada, que nunca me gustó mucho la idea de correr pero prometo hacer el cuento educativo o, por lo menos, entretenido de cómo fue que empecé a correr por deporte y poco a poco dejé el cigarrillo.

Siempre he sido delgada y solía dedicarme a actividades físicas como step, pilates y tae-bo, de modo que correr me parecía súper aburrido y nunca le veía la ciencia. A los 16 años cuando vivía en Estados Unidos practiqué “Cross Country”, una disciplina deportiva que se practica en colegios norteamericanos, cuyo fundamento es el trote y se hace al aire libre, en montañas, caminerías, etc. En cada carrera yo llegaba literalmente detrás de la ambulancia. En esa época estaba más enfocada en conocer gente, la cultura, las fiestas y realmente no disfrutaba aquello de la corredera, tanto que ese año aumenté dooooce kiiilos, señoras y señoritas. Siempre me había mantenido en un peso promedio de 50 kilos, así que ¡se podrán imaginar! Y para rematar: comencé a fumar. Esas tontas decisiones que una toma cuando es joven para probar cosas nuevas. Queda claro que también probé nuevas hamburguesas, nuevos helados y todo tipo de alimentos fatness, así que entre probar y probar me quedaron 12 kilos.

Regresé de mi año de intercambio y aunque poco a poco fui perdiendo los kilos, no perdí la costumbre de fumar y digo costumbre porque realmente no lo convertí en hábito: lo hacía socialmente. En la universidad empecé a salir con alguien que también fumaba, así que digamos que la opción más “cómoda” era seguir haciéndolo para que los momentos románticos no resultaran desagradables a pesar de la cantidad de caramelitos y chicles que se comía el chico para facilitar la cosa. Fumar me causaba una sensación placentera, calmaba la ansiedad, me relajaba y además mediáticamente parecía ser un plus de sensualidad; si no me creen, prendan el televisor.

A esa edad ¿quién iba a querer dejar algo que te tranquiliza, te calma y te hace ver sexy? Nadie. Eso lo entiendes mucho después cuando ya tienes claro el tipo de vida que quieres llevar y lo saludable que quieres ser. A pesar de que nunca fui una fumadora sin control, llegué a fumar a diario tras una situación emocionalmente difícil, que el cigarrillo me hacía sentir más “fácil”. Pero las cosas se superan cuando te convences tú misma de lo que debes hacer, sin necesidad de aferrarte a nada. Así que un buen día decidí parar, recuperé mi rutina de ejercicios y desde ese entonces no he fumado de nuevo.

Desde hace dos años practico crossfit, una disciplina deportiva muy exigente que se fundamenta en ejercicios funcionales libres, más peso y combina movimientos de gimnasia y movilidad. Mis primas están inmersas en la movida running y constantemente me invitaban a correr con ellas pero seguía sin animarme.

Un fin de semana decidí acompañarlas y para mi sorpresa, no sólo me resultó divertido el grupo y el apoyo motivacional que practican, sino que además me ayudó increíblemente con la resistencia en la práctica del crossfit. ¿Recuerdan la sensación placentera y relajante que mencioné con el cigarro? Realmente no se compara ni un poco con la sensación que se vive al terminar una carrera, en ese momento te invade una paz y una tranquilidad indescriptible.

Si aún fumara estoy segura de que no podría correr ni 500 metros seguidos, porque el cigarrillo no sólo agota tu condición cardiovascular, sino que además te limita en muchos aspectos, incluso psicológicos.

En enero de este año corrí mi primer medio maratón (21K) y nunca imaginé que correr durante dos horas iba a ser tan divertido, pero más allá, la emoción que se vive en esos eventos es realmente gratificante. Practico crossfit de lunes a viernes y los fines de semana salgo a trotar y hago un poco de yoga.

Soy de las personas que creen en competir con uno mismo pero les cuento un secreto: siempre entreno con una amiga, ella en el crossfit es una dura, practicaba gimnasia cuando era niña y tiene una fuerza y una destreza realmente admirables, así que entrenar con ella me gusta porque me motiva a esforzarme más. Pero fuma ocasionalmente y cuando corremos siempre hago mejor tiempo que ella. Las dos sabemos la diferencia y aunque mi competencia soy yo misma tengo que reconocer que ganar nos activa un gusanito de felicidad que todos tenemos por dentro ¿o no?

Corredoras que aún son fumadoras: las invito a probar una vida libre de humo por ustedes mismas y por la satisfacción indescriptible que se logra en cada carrera. Hagan la prueba y verán lo bien que se sienten.

 

Por:  Patricia Pérez Rosas