Mis 5 razones para empezar a correr

Soy peatona por convicción. Vivo en una ciudad que le ha dado más espacio a las rejas antes que a las plazas públicas. Mi ciudad a veces es más un estacionamiento enorme que un espacio amigable. Las aceras son estrechas -en algunas partes ni siquiera hay- y valoro los pocos parques verdes y enormes como si fueran pequeños oasis capitalinos. Andar a pie me ha permitido detallar la ciudad, apreciar las cosas sencillas que la hacen única.

Un día me enteré de la carrera Nike. Fue un hecho casual que llegara a mí esa noticia. Antes de ese día comía perros calientes todas las semanas, cenaba hamburguesa los jueves y salía a tomar cerveza los viernes. Un estilo de vida común para alguien de 25 años. Pero ese domingo me dio curiosidad correr la ciudad, me parecía una distancia cómoda para alguien acostumbrada a caminar por las calles y jamás se me ocurrió pensar que la gente entrenaba para lograr recorrer esa distancia en menos de 30 minutos.

No me dio chance de inscribirme, pero igual agarré unos zapatos cualquiera, los que pensé resultarían más cómodos y salí a la calle. Llegué a las 7:15 del domingo haciéndole honor a la sacrosanta costumbre de llegar tarde a todos lados y pensando que era una hora indecente para un domingo. El primer aprendizaje del día: las carreras comienzan a la 7 am, con una puntualidad inglesa que da grima.

Total, por llegar tarde, empecé a correr con la gente que comienza caminando. Hice mi recorrido de subidas y bajadas, falsos planos, espacios con árboles y espacios con mucho sol. Comencé bien, rápido, iba feliz y tranquila. Al kilómetro 2, en medio de una subida, comencé a pensar que no era tan fácil. Me faltaba la respiración, tenía la boca seca.

Mis ruegos se hicieron realidad en el Km 3 donde estaban dando agua, no paré pero sí enloquecí por agarrar no dos, sino tres o cuatro bolsitas. Conocí el sabor de la gloria con la bebida deportiva del kilómetro 5 y agradecí la existencia de Dios y su infinita sabiduría cuando corrí en bajada. Aprendizaje número dos: ese día fui consciente de mi lado más vulnerable.  

Nunca paré, a pesar de mi desgano, el calor y la sed. Seguí corriendo aunque a un paso mucho más lento que el inicial. Poco después del km 9 vi el arco y el cronómetro que marcaba 1:10. Volví a mi ritmo inicial sin saber de dónde saqué las fuerzas y de pronto algo superior a mí hizo aflorar una sonrisa casi involuntaria que apareció en mi cara al momento de poner el pie sobre la alfombra de llegada.Aprendizaje número tres: la meta es más que un arco, es el punto en el que te demuestras a ti y a nadie más las cosas de las que eres capaz.    

Ese día supe lo mucho que me gustaba correr y comencé a hacerlo en serio, a inscribirme en carreras, a leer sobre el tema, a sonreír luego de cada meta.

empezar a correr

 Mis cinco razones para correr:

1. Me hace feliz

2. Me gusta sentir la brisa en la cara

3. Me reecuentro conmigo misma

4. Oxigeno mis pensamientos

5. Cada vez que cruzo la meta algo en mi crece un poco más, revivo, aprendo una cosa nueva sobre mi cuerpo y mi espíritu.

 

Nayari Rossi Romero