Entrena tus pensamientos, fortalece tu voluntad

Estoy corriendo al medio día. Lo que pasa cuando corro al medio día es que tengo la predisposición de que, en medio de la ruta, me va a dar hambre. El otro día me pasó. Sentí un hambre horrible. Entonces atajé ese pensamiento. También se entrena la mente.

¿Por qué habría de tener hambre si desayuné y merendé minutos antes de salir? Me di cuenta de que estaba autosaboteando mi entrenamiento. Parece un cliché pero no lo es: estudios científicos han buscado por años la relación entre los pensamientos positivos y la mejora de pacientes. Una persona feliz y positiva siempre lleva la ventaja frente a alguien que se deja arrastrar por los pensamientos negativos.

El autosabotaje es más común de lo que creemos. Trata de identificar esos pequeños momentos del día en el que un pensamiento negativo se interpone: nos quejamos del tráfico, del metro, de las calles, del país. Nos predisponemos ante una nueva herramienta o algo nuevo que aprender. Nos agobiamos ante las situaciones difíciles.

No es fácil, si lo ves en pequeño te das cuenta de que, a diario, enfrentamos nuestras propias batallas épicas de la cotidianidad. La rutina nos consume y sucumbimos ante el camino fácil: quejarse siempre es más sencillo que aportar, resistirnos al cambio siempre es menos laborioso que aprender algo nuevo, creer que ya corrimos suficiente es más fácil que esforzarnos un poco más.

Créeme, yo he estado ahí. Vencer el autosabotaje también es más difícil. Al kilómetro 2.5, luego de pasar el pequeño tramo con sol del parque Los Caobos, apenas iniciando el recorrido, en ese punto sentí un hambre descomunal. Quise parar.

Me di cuenta, casi como si fuera una epifanía, de que no existía una razón real. Descubrí que mi mente jugaba conmigo, hizo el viejo truco -siempre funciona- de engañarme, me hizo creer que tenía hambre. Mente = 1 Yo = 0.

En el momento en el que descubrí su truco malévolo, me le enfrenté. Pocos días después hablaríamos de mantras con los instructores de IDH Venezuela y salió uno del que nos apropiamos: yo domino mi mente, mi mente domina mi cuerpo.

No tienes hambre, me dije. Empecé entonces una lucha conmigo misma, fue la batalla de los pensamientos: corre un poco más, no hace calor, lo importante no es la vuelta completa sino este paso.

Al final el conteo cambió a mi favor. Terminé el recorrido, fui feliz, regresé al trabajo con mis energías renovadas. La tarde tuvo un sabor distinto. Me impuse sobre mi mente y gané.

Por Nayari Rossi Romero