Diseña tu propio plan de entrenamiento

Con vidas tan ajetreadas como las de hoy, el primer argumento para justificar el sedentarismo es la falta de tiempo para entrenar. Sin embargo, la planificación, la disposición y la voluntad son tres recursos que nos pueden ayudar a superar esta excusa y a diseñar un plan de entrenamiento ajustado a nuestras necesidades y posibilidades.

El hecho de no poder realizar la rutina de entrenamiento que hacen otras personas, ya sea por nuestro horario, edad o condición, no quiere decir que no podamos hacer uno propio, entallado a nuestra medida. Aquí te dejamos algunas ideas con las que puedes empezar:

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La meta: ejercitarte al menos tres días a la semana por media hora o 45 minutos. Si puedes hacer citas y cumplir responsablemente compromisos con otros, seguro puedes incluirte en tu propia lista de prioridades y hacer esta cita con tu salud y tu bienestar. ¿No es muy difícil, verdad?

El tiempo: visualiza tu semana y marca los días en los que podrías tener más oportunidad de ejercitarte. Pueden ser dos entre semana y uno del fin de semana, por ejemplo. Si se te hace muy difícil salir temprano de la oficina, entonces planifica acostarte temprano un par de días para poder correr o caminar a primera hora antes de ir al trabajo.

El lugar: evalúa las opciones de entrenamiento que tienes alrededor. ¿Tienes un parque cerca de casa o alguno en la ruta para el trabajo? ¿Hay un gimnasio cerca de la oficina o clases de yoga en algún centro o plaza cercana a ti? ¿Tienes bicicleta? ¿Te gusta nadar? Todas estas opciones puedes combinarlas en esos tres días. En la variedad está el gusto y mientras diversa sea tu rutina, menos monótono será tu entrenamiento y tendrás más probabilidades de ser constante en el tiempo.

La compañía: si necesitas el apoyo de alguien para animarte a hacer ejercicio, proponle a un amigo o familiar que te acompañe al menos un día a la semana. Sin embargo, aprender a automotivarte e, incluso, darte la oportunidad de conocer gente nueva mientras entrenas, son dos tareas que pueden brindarte satisfacciones que no solo fortalecerán tu cuerpo físico, sino también tu área social, espiritual y mental.

Opciones para entrenar en casa: ¿quién no tiene la oportunidad de poner música y ponerse a bailar frente al espejo? Saltar la cuerda en días lluviosos, desempolvar la bicicleta estática o hacer algunas series de yoga como el Saludo al Sol, son opciones que están a tu alcance en tu propio hogar.

La combinación ideal: una rutina de entrenamiento equilibrada debería integrar ejercicios de fuerza, flexibilidad y aeróbicos. Una ecuación podría ser: correr, nadar o montar bicicleta un día; hacer ejercicios con máquinas o pesas otro día; y el tercer día hacer una clase de yoga o pilates para flexibilizar el cuerpo. En la medida de vayas mejorando tu condición podrás aumentar los días de entrenamiento, si gustas. Correr todos los días no es recomendable porque desgastamos en exceso nuestros músculos y aumentamos el riesgo de lesionarnos.

Todo plan es flexible: si surge un imponderable, te quedan otros cuatro días durante la semana para reprogramar tu entrenamiento. No renuncies cuando tengas días o semanas difíciles. Retoma el impulso en la siguiente oportunidad y sigue adelante.

Súmale una alimentación equilibrada: para que la rutina te brinde todavía más beneficios, aliméntate sanamente, consume 5 porciones de vegetales y frutas al día, no suprimas ningún grupo alimenticio y limita la ingesta de frituras, grasas saturadas y comida chatarra.

No necesitas ajustarte al horario de otros para regalarte una vida saludable: sólo debes ser honesto contigo mismo, no sabotear tu plan y estar dispuesto a invertir en tu propio bienestar. El esfuerzo valdrá la pena.